PERO, ¿EL ACOSO NO ERA DELITO? AHORA SÍ. SE LLAMA "STALKING"

Existe una máxima que no suele admitir réplica: el desarrollo social siempre va uno (o dos) pasos por delante del desarrollo legislativo. Si ese razonamiento se recapacita por un momento, adquiere una lógica abrumadora: primero van los hechos y luego las normas que los deben regular. Ese axioma alcanza su máximo exponente cuando nos referimos a la delincuencia, fenómeno que mantiene una constante evolución (paralelo al social) y que intenta constantemente filtrarse entre los resquicios legales para obtener sus oscuros objetivos. El ejemplo más claro se manifiesta en los delitos tecnológicos, que durante este siglo han abrumado a las normativas penales de los diferentes Estados.

No obstante, analizamos aquí una conducta que no ha gozado de tipificación en nuestro Código Penal hasta la actual reforma de 2015 (esa que ha introducido la controvertida prisión permanente revisable), aunque el cambio es desmesuradamente tardío dada la habitualidad con que se ha venido cometiendo. Hablamos del acoso reiterado e ilegítimo frente a una persona, el recientemente bautizado como “stalking”.

Este comportamiento delictivo no es más que acechar a una persona, perseguirla, intentar constantemente comunicarse con ella, es decir, acosarla. A la víctima se le coarta la libertad y se le transmite una sensación de falta de seguridad e intimidad, así como de vulnerabilidad. Esas conductas, fruto en muchas ocasiones de obsesiones o de trastornos obsesivos, están estrechamente vinculadas a la violencia de género y no encontraban cabida en nuestra legislación penal hasta que derivaban en un delito sí tipificado, a menudo más grave: retención ilegal, amenazas o coacciones, agresiones sexuales, lesiones o incluso homicidios o asesinatos.

Recogemos aquí las descripciones que hace la Audiencia Provincial de León, en Sentencia 128/2016, de 7 de abril: “las situaciones de acoso (harassment) o de acechanza (stalking), entendidas como aquellas conductas intrusivas y no deseadas que incluso podían llegar a comprometer la sensación de tranquilidad y seguridad personal, […] podían ser de la más variada tipología: desde la reiteración de llamadas, o de emails, whatsapps u otros modos o medios de comunicación, hasta los merodeos o seguimientos personales a las que se sometían a las víctimas”. […] “Este tipo de comportamientos y situaciones podían llegar a generar verdaderamente una sensación de desasosiego, inquietud o temor en quien las padecía”.

Otra interesante exposición la formula el pionero Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Tudela, al considerar que “el bien jurídico protegido aquí es la libertad de obrar, entendida como la capacidad de decidir libremente. Las conductas de stalking afectan al proceso de formación de la voluntad de la víctima en tanto que la sensación de temor e intranquilidad o angustia que produce el repetido acechamiento por parte del acosador, le lleva a cambiar sus hábitos, sus horarios, sus lugares de paso, sus números de teléfono, cuentas de correo electrónico e incluso de lugar de residencia y trabajo.

Así pues, el hostigamiento o “stalking” se prevé en el art. 172 ter de nuestro Código Penal, castigando con prisión de 3 meses a 2 años o multa de 6 a 24 meses el vigilar, perseguir o buscar la comunicación con otra persona, usar sus datos o actuar a través de terceras personas siempre con el afán de buscar su conexión o acercamiento con la víctima. Eso sí, la ley exige que se observen estos requisitos:

  • Que la conducta sea insistente y reiterada.

  • Que la víctima no otorgue su consentimiento.

  • Que se altere gravemente la vida cotidiana de la víctima.

Prevé igualmente la Ley dos supuestos de agravante para este tipo penal: cuando el ofendido sea una persona vulnerable por su edad, enfermedad o situación (prisión de 6 meses a 1 año) y cuando se trate de situaciones de violencia doméstica sobre personas del art. 173.2 CP (prisión de 1 a 2 años o trabajos en beneficio de la comunidad).

Aunque este nuevo tipo penal aún precisa de un desarrollo jurisprudencial consistente, acogemos las ideas plasmadas por el juzgador de Tudela: 1. El stalker debe exteriorizar una estrategia de persecución; 2. El mero miedo o sentimiento de molestia no basta, debe plasmarse una limitación de libertad; 3. Queda aún por determinar qué se entiende por alteración grave de la vida cotidiana y cuándo se entiende que existe reiteración e insistencia.

Precisar el alcance de este nuevo (y a la vez veterano) delito será esencial para evitar sobreseimientos inesperados o sentencias absolutorias, dado que en ocasiones la línea en la que se mueven estos acosos entre la vulneración o no de derechos fundamentales es extremadamente fina. Concienciar a la ciudadanía, sobre todo a los colectivos más vulnerables, es esencial en la persecución de este tipo de conductas, y sobre todo debe cambiarse una mentalidad que está arraigada en nuestra sociedad desde hace años: perseguir a una persona, acosarla, abrumarla, etc. NO ES UNA CONDUCTA NORMAL, no son cosas de niños ni debe esperarse a que se ocasione un daño más grave. Hoy en día es una conducta delictiva y puede perseguirse más fácilmente con la nueva normativa penal.


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