Recurriendo multas de Tráfico...(Parte II)

Recibir en el correo una carta certificada de la Dirección de Tráfico suele ser sinónimo, según la experiencia habitual, de una sanción por exceso de velocidad, y casi con toda probabilidad por la intervención de los denominados radares de tráfico.

Efectivamente, el presente post se centra en dichos radares, técnicamente denominados cinemómetros, y cómo es posible enfrentarse jurídicamente a la fijación matemática de la velocidad de un vehículo que realizan esos aparatos.

Notificada la sanción, y más allá de los defectos de forma que han sido referidos en la anterior publicación, debemos centrarnos en el “certificado de verificación periódica” adjunto al escrito de sanción:

Ese certificado indicará todos los datos relativos al cinemómetro que ha determinado la velocidad de nuestro vehículo, siendo su omisión motivo de nulidad de la sanción de tráfico por prescindir de un elemento esencial de la denuncia.

La primera atención debe ser puesta sobre la fecha de validez de la homologación del radar. Los cinemómetros vienen regulados en la Orden ITC/3123/2010, de 26 de noviembre, por la que se regula el control metrológico del Estado de los instrumentos destinados a medir la velocidad de circulación de vehículos a motor. Esa normativa fija 1 año como plazo máximo de vigencia de los radares hasta su próxima homologación (desde la fecha de ensayo hasta la fecha máxima de validez). Por lo tanto, si la infracción notificada fue cometida fuera del plazo de 1 año fijado en el certificado de verificación periódica, deberá interponerse el oportuno recurso administrativo ante la Dirección de Tráfico por falta de prueba válida en los 20 días siguientes a la notificación.

En el supuesto de que no existan defectos de forma y la infracción hubiera sido cometida dentro del plazo de 1 año de homologación del cinemómetro, debemos tener en cuenta los llamados errores máximos permitidos (EPM).

Debemos de tener en cuenta siempre que la medición realizada por los cinemómetros de Tráfico nunca es absolutamente precisa, dado que el cálculo de la velocidad final resulta de la diferencia de frecuencias derivadas del llamado efecto Doppler, siendo previstos márgenes de error que salven esas imprecisiones.

Esos márgenes están previstos en la citada Orden ITC/3123/2010, cuyo Anexo III los regula y hace depender de la situación del cinemómetro, fijada en el certificado de verificación, y de la velocidad del vehículo. De esta forma, estaremos a los siguientes cuadros:

  • Cinemómetro en “examen de modelo y verificación de producto”:

  • Cinemómetro en “verificación después de reparación o modificación”:

  • Cinemómetro en “verificación periódica” (el más habitual):

La aplicación de estos EMP resulta simple al exponer un ejemplo: conductor que circula en vía interurbana limitada a 120 km/h. Un cinemómetro capta un exceso de velocidad y el conductor recibe la pertinente sanción cuyo certificado de verificación establece que se trata de un cinemómetro de instalación móvil, en situación de verificación periódica, y una velocidad captada de 153 km/h. De la aplicación del 7% de margen de error se obtendría una velocidad real de 142,29 km/h.

Como puede observarse, la aplicación de estos márgenes es esencial, dado que sólo la velocidad real del vehículo determinará todo: si hay o no exceso de velocidad, la cuantía de la multa, la detracción o no de puntos del permiso de circulación, la consideración de sanción administrativa o delito penal…

Pese a su importancia, sin embargo, los márgenes de error no han estado exentos de polémica. La aplicación que se ha venido haciendo por los servicios de Tráfico ha dado lugar a procedimientos contenciosos con dispar fortuna.

¿Por qué esta polémica? Nada menos que por la aplicación incorrecta, o mejor dicho, por la no aplicación de esos márgenes por la DGT.

Numerosas denuncias han sido recurridas ante los Tribunales debido a que a la velocidad del vehículo registrada en el cinemómetro no le era posteriormente reducido el margen de error correspondiente, algo que es preceptivo. Así lo expresa de forma didáctica la Sentencia 286/2016 del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 22 de Madrid, de 21 de septiembre de 2016:

“Es necesario que en cada concreta medición se apliquen real y efectivamente los márgenes de error que las normas metrológicas establecen para cada tipo de aparato”.

[…] ”Es necesaria la constancia en el expediente de que efectivamente se han aplicado esos márgenes de tolerancia. No puede olvidarse que nos encontramos en el seno de un procedimiento sancionador en el que deben de observarse las debidas garantías y, entre ellas, ha de contarse la de incorporar todos los medios de prueba que justifiquen la comisión de la infracción. No basta con la genérica afirmación que se hace en el expediente, desde la incoación hasta la resolución del mismo de que se han excedido los límites reglamentarios de velocidad y de que ésta ha sido medida por un aparato homologado y verificado. Es necesario que se sepa si la velocidad que se atribuye al vehículo es la efectivamente medida por el aparato cinemómetro y a la misma hay que aplicar los márgenes normativos de error; o si, por el contrario, esa velocidad imputada se ha determinada tras haberse descontado ya esos márgenes de error de la velocidad".

Por lo tanto, debe ser tenido muy en cuenta que, al ser notificada una denuncia por exceso de velocidad captada por cinemómetro, a la velocidad que figura en la fotografía realizada por el aparato le deberá ser descontado el margen de error que corresponda, resultado que deberá figurar en el certificado de verificación adjunto, dado que, conforme a la Sentencia 154/2016 del Juzgado de los Contencioso Administrativo nº1 de Ourense, “esa velocidad fidedigna que sale en la pantalla del cinemómetro no es la real sino dentro de los límites del error admitidos ya que es lógico suponer que no existe una programación de los aparatos para que ya lleven inserto en sus cálculos tales márgenes cuando se les permite funcionar con ellos”.

Se vuelve a reiterar la importancia de la aplicación de estos márgenes, sobre todo en excesos de velocidad limítrofes entre la simple multa y el reproche penal, aunque, como en todo, se deberá estar al caso concreto.

Examinando de nuevo el supuesto anteriormente detallado, supongamos que el cinemómetro capta la velocidad de 153 km/h y el propio boletín de denuncia vuelve a señalar esos mismos 153 km/h, sin aplicación de margen alguno. De conformidad con lo dispuesto en el Anexo IV de la vigente Ley de Tráfico (RDL 6/2015, de 30 de octubre), la infracción llevaría aparejada una sanción de 300 € de multa y la detracción de 2 puntos. Sin embargo, de aplicarse el 7% de margen de error previsto para cinemómetros móviles, la velocidad obtenida sería de 142,29 km/h, lo que conllevaría a una multa de 100 €.

Como puede observase, la diferencia es bastante notoria y daría un buen motivo para su recurso.


Entradas recientes
Archivo